Pádel: entrenar para jugar mejor
Entender primero qué pasa dentro de la cancha
Por Lic. Daniel Cinti
La pasión por el deporte también puede estar en todo aquello que hacemos para prepararnos mejor.
Con el crecimiento del pádel —bienvenido sea, porque significa que cada vez más personas encuentran en la actividad física un espacio para disfrutar, competir y compartir— aparece también una pregunta importante:
¿Cómo tenemos que entrenar para jugar mejor?
La respuesta no debería comenzar por elegir un ejercicio.
Debería comenzar por entender qué pasa dentro de la cancha.
¿Qué pasa dentro de la cancha?
El pádel es un deporte intermitente. Durante un partido se alternan acciones de diferente intensidad, con desplazamientos cortos, aceleraciones, frenadas, cambios de dirección, acciones explosivas y una repetición constante de golpes.
Las investigaciones muestran que las demandas del pádel no dependen solamente de la capacidad de correr o de tener una buena condición aeróbica. El rendimiento surge de la interacción entre diferentes capacidades físicas, fisiológicas, neuromusculares y coordinativas.
Por eso, prepararse para jugar debe consistir en desarrollar las capacidades que el juego realmente necesita.
Entrenar lo que el juego necesita
Nuestro sistema de entrenamiento parte de esa idea: buscar desarrollar recursos que después puedan expresarse dentro de la cancha.
- Fuerza máxima: desarrollar la capacidad de producir fuerza.
- Fuerza unilateral: mejorar la capacidad de aplicar fuerza de manera específica y adaptada a los apoyos y desplazamientos del juego.
- Potencia: producir fuerza rápidamente cuando la situación lo requiere.
- Aceleración: llegar antes a la pelota.
- Desaceleración: poder frenar, controlar el cuerpo y prepararse para la siguiente acción.
- Cambio de dirección: modificar rápidamente la trayectoria y volver a posicionarse.
- Capacidad de repetir esfuerzos: sostener acciones explosivas a lo largo del partido.
- Capacidad aeróbica: favorecer la recuperación entre esfuerzos y la posibilidad de sostener el rendimiento.
- Core y control del tronco: mejorar la transmisión de fuerzas y el control corporal.
- Hombro: preparar las estructuras involucradas en los golpes y contribuir a una práctica más segura.
- Movilidad: facilitar las posiciones y gestos que exige el juego.
- Coordinación: integrar todas estas capacidades dentro de movimientos cada vez más eficientes.
Las aceleraciones, desaceleraciones y cambios de dirección merecen una atención particular. La literatura sobre deportes multidireccionales señala que la capacidad de frenar y volver a acelerar no es simplemente el “opuesto” de correr rápido: la desaceleración implica demandas mecánicas específicas y requiere capacidad para absorber y controlar fuerzas.
En el pádel, esto adquiere todavía más sentido porque cada desplazamiento no termina simplemente cuando llegamos a la pelota.
Hay que llegar, frenar, golpear y volver a estar preparado para lo que sigue.
Del ejercicio al juego
Uno de los puntos que consideramos fundamentales es llevar los ejercicios al juego.
El desafío no está solamente en desarrollar una determinada capacidad, sino en conseguir que pueda ponerse al servicio de las situaciones que plantea el pádel.
Por eso, nuestro objetivo no es simplemente mejorar determinados indicadores físicos. Buscamos que las mejoras tengan sentido para el jugador: que pueda llegar mejor a una pelota, frenar con mayor control, recuperar su posición, repetir esfuerzos, sostener la calidad de sus acciones y llegar en mejores condiciones a las instancias decisivas de un partido.
La preparación física deja entonces de ser algo separado del pádel para convertirse en una herramienta al servicio del jugador.
Entrenamientos a medida
No todos los jugadores necesitan lo mismo.
Dos personas pueden practicar el mismo deporte y, sin embargo, necesitar preparaciones completamente diferentes. El nivel de juego, la experiencia, las características individuales, las demandas a las que están expuestos y los objetivos que persiguen hacen que cada proceso de entrenamiento deba ser pensado de manera particular.
Por eso hablamos de entrenamientos a medida.
No se trata simplemente de adaptar un ejercicio, sino de comprender qué necesita cada jugador y construir a partir de allí una preparación que tenga sentido para él.
Primero entender. Después entrenar.
Quizás esta sea la idea que mejor resume nuestra manera de trabajar:
Solo sabiendo qué ocurre dentro de la cancha podemos decidir qué capacidades desarrollar, cómo entrenarlas y cómo relacionarlas con las necesidades reales del jugador.
Porque entrenar para el pádel no es solamente entrenar más.
Es entrenar mejor, entrenar con sentido y preparar al jugador para que pueda expresar dentro de la cancha todo aquello que desarrolla fuera de ella.



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