La evaluación como pilar del proceso de entrenamiento

En el ámbito deportivo actual es cada vez más frecuente observar imágenes y videos de evaluaciones físicas difundidas en distintos espacios. Esto resulta positivo, ya que visibiliza un proceso fundamental dentro del entrenamiento. Sin embargo, más allá de mostrar la evaluación, es necesario detenerse a reflexionar y comprender para qué se evalúa y qué sentido tiene dentro de un proceso de formación y rendimiento.

  • Evaluar para conocer el punto de partida

La evaluación permite saber desde dónde se comienza. A través de ella se identifican las características individuales y las condiciones iniciales de cada deportista antes de iniciar un plan de entrenamiento. Este diagnóstico es la base para:

  • Trazar objetivos claros y realistas.
  • Diseñar entrenamientos individualizados y acordes a cada necesidad.
  • Contar con un criterio de comparación para futuras reevaluaciones, que permitan corroborar el grado de cumplimiento de los objetivos propuestos.
  • Evaluar para motivar

Los resultados obtenidos en una evaluación deben ser correctamente interpretados, primero por el entrenador y luego por el deportista. Cuando el deportista comprende el significado de los datos y el camino a seguir, la evaluación se transforma en una herramienta motivacional, ya que permite visualizar mejoras, progresos y perspectivas de crecimiento.

  • Evaluar es observar el proceso

La evaluación no puede ser un hecho aislado. Si el dato obtenido no se vuelve a considerar en instancias posteriores, pierde sentido. Uno de los errores más frecuentes es creer que “por evaluar ya está”. Mostrar evaluaciones con buenas imágenes no garantiza profesionalismo si no existe una continuidad del proceso. De lo contrario, se invierte tiempo y recursos que no serán realmente aprovechados.

  • Evaluar para verificar la planificación

Evaluar también implica cotejar si la planificación fue adecuada y si el proceso de entrenamiento se está desarrollando correctamente. Si bien el entrenamiento no siempre es lineal ni completamente objetivable, es imprescindible tener un rumbo claro. Conocer el punto de partida es el primer paso para transitar ese camino con coherencia y criterio.

  • La importancia de evaluar objetivamente

La objetividad en la evaluación es uno de los factores más importantes, ya que los datos obtenidos no solo se utilizan en el presente, sino que también condicionan decisiones futuras. Por ello, los protocolos deben estar bien establecidos, ser claros y correctamente explicados. Las reevaluaciones serán las que determinen si los datos obtenidos son confiables; incluso pequeñas modificaciones en el procedimiento pueden alterar significativamente los resultados.

  • Reflexión final

Las evaluaciones son una herramienta clave dentro del proceso de entrenamiento y no deben tomarse a la ligera. Reducirlas a una acción publicitaria o de venta implica desvalorizar un aspecto central de la práctica profesional. Evaluar con criterio, continuidad y responsabilidad es lo que realmente le otorga sentido y jerarquía a esta tarea.